¿Por qué ha costado tanto la adopción de estándares abiertos en BIM? ¿Estamos ante un nuevo impulso de openBIM?
Opinión · 12 min · 2026-08-06
Análisis sobre la lenta adopción del openBIM y el formato IFC en Latinoamérica y España: el prejuicio de que IFC es un formato "inferior", por qué se percibe como un trámite obligatorio, y las señales de un nuevo impulso —más herramientas, más profesionales formados y beneficios estratégicos reales— que podrían cambiar el rumbo.
Hace más de dos décadas, buildingSMART nos prometió algo que sonaba a revolución: un lenguaje común para que todos los software de la construcción pudieran conversar entre sí. Ese lenguaje es el IFC (Industry Foundation Classes), la base del openBIM: un modelo abierto, neutral, que no depende de ningún fabricante.
La promesa era enorme. La realidad, en cambio, ha sido más lenta y llena de frustraciones. En buena parte de Latinoamérica y España, todavía hoy muchos equipos exportan a IFC solo porque se los exigen, y siguen coordinando y trabajando en los formatos nativos de sus programas. El openBIM, para muchos, sigue siendo un trámite y no una forma de trabajar. ¿Por qué pasó esto? Y más importante: ¿está cambiando?
El prejuicio de fondo: "el IFC es un formato inferior"
Hay una percepción muy instalada, y rara vez dicha en voz alta, de que el IFC es un formato de segunda categoría comparado con lo que producen los software comerciales como Revit o ArchiCAD. Se lo ve como una versión "aguada" del modelo real: algo que pierde información, que se ve peor, que no tiene toda la inteligencia del archivo nativo.
La mejor analogía es esta: es como pedirle a alguien que trabaja todo el día en Word que entregue su documento en .txt. Desde esa mirada, exportar a IFC se siente como renunciar a lo bueno: perder formato, perder riqueza, hacer un trabajo extra para entregar algo peor. Y si además el resultado llega roto —parámetros que no viajaron, elementos mal clasificados—, el prejuicio se confirma solo.
El problema es que esa analogía está equivocada, o al menos incompleta. El IFC mal exportado sí parece un .txt pobre. Pero el IFC bien trabajado no es una versión degradada del modelo: es un modelo estructurado, portable e independiente, con una lógica propia. La diferencia no está en el formato, sino en cómo se produce.
Por qué el openBIM se quedó en "trámite obligatorio"
Si el openBIM se percibe como un formalismo que solo se hace cuando obliga un mandante, es por una combinación de causas muy concretas —y ninguna de ellas tiene que ver con villanos, sino con cómo maduró la industria:
- Curva de aprendizaje empinada. Entender de verdad el IFC —clases, Property Sets, niveles de información— exige tiempo y formación. Por años, ese conocimiento estuvo concentrado en pocas manos y en poca documentación en español.
- Herramientas escasas o caras. Hasta hace poco, validar la calidad de un IFC o trabajar con él de forma seria requería herramientas costosas o procesos manuales lentos. Sin herramientas accesibles, el estándar queda en el papel.
- El IFC como "casilla que marcar". Varios software implementaron la exportación IFC como un requisito a cumplir, no como una función central. El resultado: exportaciones por defecto que salen pobres, y que refuerzan la idea de que "el IFC no sirve".
- Mandantes que piden IFC pero no verifican su calidad. Si te exigen entregar en IFC pero nadie revisa si ese IFC está bien hecho, el incentivo es entregar lo mínimo. El estándar se cumple en la forma, pero no en el fondo.
- Inercia de la industria. Los flujos de trabajo consolidados son cómodos. Cambiar la forma de entregar, coordinar y validar cuesta, y el sector de la construcción no es precisamente rápido para adoptar cambios.
Puestas todas juntas, estas causas explican el círculo vicioso: como el IFC se exporta mal, se percibe como inferior; como se percibe como inferior, nadie invierte en hacerlo bien; y como nadie invierte, se sigue exportando mal.
Lo que sí ha empujado la adopción
No todo ha sido inercia. Hay esfuerzos institucionales que sostuvieron la bandera del openBIM incluso cuando la adopción real iba lenta:
- Las estrategias e iniciativas BIM nacionales en la región —como Plan BIM en Chile (impulsado desde CORFO), Plan BIM Perú, la Estrategia Nacional BIM en Colombia y la estrategia de BIM en la contratación pública en España— que empezaron a exigir y estandarizar el uso de modelos en proyectos públicos.
- El trabajo sostenido de buildingSMART y sus capítulos locales, promoviendo el IFC y certificando software e implementaciones.
- La consolidación de la norma ISO 19650 como marco común de gestión de la información, que le dio al openBIM un respaldo normativo internacional.
Estos impulsos plantaron la semilla. Pero una política pública puede exigir IFC; lo que no puede hacer sola es lograr que el sector quiera usarlo. Para eso hacía falta que se juntaran otras cosas.
Las señales de un nuevo impulso
Y aquí está la parte esperanzadora: varias de esas cosas están pasando justamente ahora.
- Hay más y mejores herramientas. Visores IFC gratuitos, bibliotecas de código abierto para leer y escribir IFC, plugins, y plataformas en línea que auditan la calidad de un modelo en minutos. La barrera de entrada bajó muchísimo respecto a hace cinco años.
- Hay más profesionales formados. Una nueva generación de BIM Managers, arquitectos e ingenieros aprendió openBIM desde la universidad o desde cursos especializados. Ya no es conocimiento de unos pocos.
- El IFC ha mejorado con el tiempo. El esquema evolucionó (de IFC 2x3 a IFC4 y más allá), y las implementaciones de los software son cada vez más completas. El IFC de hoy no es el de hace una década.
- Los mandantes empiezan a verificar, no solo a pedir. El cambio más importante: cuando el que recibe el modelo revisa su calidad, el incentivo se da vuelta. Ya no basta con "entregar algo en IFC"; hay que entregarlo bien. Y eso obliga a todos a subir el estándar.
El giro clave: dejar de verlo como pérdida y verlo como estrategia
El verdadero cambio de mentalidad no es técnico, es estratégico. Cuando se trabaja bien, el openBIM deja de ser una pérdida y se vuelve una ventaja competitiva:
- No dependes de licencias. Tu información no queda secuestrada en el formato de un fabricante. Si mañana cambias de software, o si un socio usa otro, el modelo IFC sigue siendo legible. Es libertad.
- No queda obsoleto. Un formato abierto y documentado se puede abrir dentro de 20 años. Los archivos nativos, atados a versiones de un programa, no tienen esa garantía. Para el ciclo de vida completo de un activo —que puede durar décadas—, esto es decisivo.
- Es liviano y versátil. Un IFC bien exportado es sorprendentemente eficiente y portable. No necesitas abrir toda una suite pesada solo para consultar el modelo.
- Permite armar flujos con varios software, no una sola suite. En vez de contratar —y pagar— la suite completa de un fabricante para todo el ciclo del proyecto, puedes combinar la mejor herramienta para cada etapa: diseño en una, coordinación en otra, cómputo en otra, operación en otra. Si sumas el costo de licenciar suites completas para todas esas funciones, la cifra es carísima. El openBIM te libera de esa dependencia.
- Es manipulable y programable. Aquí está, quizás, el mayor potencial: al ser un formato abierto y estructurado, sobre el IFC se puede desarrollar. Software a medida, validadores automáticos, chequeos normativos, extracciones de datos, integraciones. Se pueden construir soluciones específicas para necesidades que cambian constantemente, sin esperar a que un fabricante decida agregarlas a su producto.
Ese último punto es el que más se subestima. El formato nativo cerrado te da lo que el fabricante quiso darte. El formato abierto te da una base sobre la cual construir lo que tu proyecto, tu oficina o tu país necesiten.
Entonces, ¿estamos ante el impulso definitivo?
Con honestidad: nadie puede asegurarlo. La inercia de la industria es real y los cambios culturales toman años. Pero por primera vez están alineados los tres ingredientes que faltaban: herramientas accesibles, profesionales formados y mandantes que verifican calidad. Cuando esos tres se juntan, el estándar deja de ser un trámite y empieza a ser una forma de trabajar.
El openBIM no necesita que todos amemos el IFC. Necesita que dejemos de verlo como un .txt pobre y empecemos a tratarlo como lo que es: un activo estratégico, abierto y duradero. La tecnología ya está lista. La pregunta —como casi siempre— es si la industria está lista para aprovecharla. Y esta vez, hay buenas razones para pensar que sí.
Del discurso a la práctica
Hablar de calidad del openBIM es fácil; verificarla es lo difícil. Justamente por eso construimos BIMaudit: una plataforma que audita modelos IFC de forma 100% determinística contra el Estándar BIM de PlanBIM Chile (alineado con ISO 19650), para que cualquier equipo pueda comprobar —en minutos y de forma objetiva— si su modelo está bien hecho, antes de entregarlo. Es, en el fondo, una pequeña contribución a ese nuevo impulso: bajar la barrera para que trabajar bien en openBIM sea fácil, accesible y verificable. Puedes probarlo gratis con un modelo en bimaudit.cl.